Los meses de verano han experimentado un notable aumento de la temperatura media en los últimos años. Los veranos de la última década han concentrado olas de calor duraderas e intensas. Sin ir más lejos, en 2023 se registraron 41 días en total de ola de calor, una cifra preocupante para la salud.
Las temperaturas elevadas suponen una auténtica pesadilla para las personas mayores y para la población en general. Mantenernos bien hidratados y con una adecuada alimentación, nos ayudará a contrarrestar el calor y que nuestra salud no se resienta.
Organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) insisten en la importancia de una hidratación adecuada, y establecen unas recomendaciones de ingesta diaria de agua de 2 litros para las mujeres adultas y 2,5 litros para los hombres adultos.
Estas cifras son orientativas, ya que las necesidades de hidratación varían según factores como la temperatura, la actividad física, el peso y la estatura.
Por otro lado, se recomienda aumentar la ingesta de líquidos cuando las temperaturas son especialmente elevadas. Durante las olas de calor, muchas personas pueden necesitar consumir entre 3 y 3,5 litros de agua al día para mantenerse bien hidratadas. La ingesta de agua debe ir de la mano con la cantidad de líquido perdida a través del sudor. Se debe recuperar el líquido perdido bebiendo una cantidad de agua proporcionada.
Algunas pautas para la correcta ingesta de agua son:
Las personas mayores deben prestar especial atención a la hidratación, ya que la sensación de sed disminuye con la edad. El agua, las infusiones, los caldos fríos y los zumos naturales sin azúcares añadidos son las mejores opciones.
De forma ocasional, pueden comer polos, ya que poseen un alto contenido de agua. No obstante, es importante prestar atención a su contenido de azúcar y optar por alternativas con una menor cantidad de azúcares añadidos.
En el caso de los pacientes con dificultades para tragar (disfagia), se puede utilizar agua gelificada o espesantes.
Algunos medicamentos pueden afectar al sistema de regulación de la temperatura corporal, lo que incrementa el riesgo de sufrir un golpe de calor. Ante esta situación, conviene consultar con el médico para conocer si alguno de los medicamentos puede afectar a la capacidad del organismo para combatir el calor.
A menudo, se pasa por alto la importancia de la alimentación a la hora de combatir el calor. Mantener una alimentación adecuada durante el verano es fundamental para prevenir la deshidratación, facilitar la digestión y reducir el riesgo de intoxicaciones alimentarias.
Durante los meses de verano, se recomienda añadir a tus comidas frutas y verduras frescas y de temporada. El melón, la sandía, la piña, la papaya, el melocotón, las naranjas y las fresas poseen un alto porcentaje de agua, lo que las convierte en una opción ideal y saludable para el postre o la merienda.
Por su parte, el pepino, la lechuga, el tomate, las acelgas, las espinacas y los pimientos verdes se utilizan con frecuencia en ensaladas o en platos típicos como el gazpacho.
En nuestros centros DomusVi se preparan menús equilibrados y adaptados a las necesidades específicas de las personas mayores a las que atendemos.
Se debe moderar, y en el caso de los mayores evitar, el consumo de alimentos muy grasos, salados y ultraprocesados. Son los más pesados de digerir y pueden aumentar la sensación de malestar cuando hace calor. También se deben limitar el consumo de bebidas azucaradas, ya que, al aumentar la glucosa en sangre, favorecen a la deshidratación.
Los microorganismos y las bacterias se desarrollan más rápidamente a temperaturas elevadas. Esto incrementa el riesgo de que los alimentos se estropeen y, por tanto, de sufrir intoxicaciones alimentarias.
En cualquier época del año, y sobre todo en verano, es fundamental conservar correctamente los alimentos. A continuación, te mostramos algunas recomendaciones para conseguirlo:
