La soledad no deseada es un problema cada vez más presente en nuestra sociedad. Sus efectos pueden repercutir en la salud física y emocional de quienes la padecen. A continuación, te explicamos sus principales consecuencias y algunas formas de combatirla.
La soledad no deseada afecta a millones de personas en todo el mundo, independientemente de su edad, género o grupo social. Quienes la padecen sufren al no tener la cantidad de relaciones sociales que desean o al sentir que la calidad de esas relaciones no es suficiente.
Según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada , su definición es la siguiente: “La experiencia personal negativa en la que un individuo tiene la necesidad de comunicarse con otros y percibe carencias en sus relaciones sociales, bien sea porque tiene menos relación de la que le gustaría o porque las relaciones que tiene no le ofrecen el apoyo emocional que desea”.
La ansiedad y la depresión son las dos consecuencias más conocidas de la soledad. Además, la función cognitiva puede verse reducida y aumentar el riesgo de demencia, especialmente de alzhéimer. El estado de ánimo se resiente y aparecen dificultades para relacionarse.
La salud física también puede verse afectada. Se suele creer que las consecuencias de la soledad son únicamente emocionales, pero la realidad es que también pueden manifestarse síntomas físicos, aumentando el riesgo de sufrir problemas como el estrés, la presión arterial alta, las enfermedades cardiovasculares o la obesidad.
En España, según el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, en 2024 una de cada cinco personas sufría esta situación. En ocasiones, la soledad puede darse a corto plazo, mientras que otras veces se prolonga en el tiempo. Esto nos lleva a otro dato preocupante: dos de cada tres personas llevaban más de dos años en esta situación.
Jóvenes, adultos y personas mayores; hombres y mujeres; trabajadores, personas en paro y jubiladas; personas que viven solas y personas que viven en compañía… Cualquiera puede padecer soledad no deseada. Existen diversos factores que pueden provocarla, desde vivir solo o sufrir problemas de salud (física o mental) hasta cuidar de una persona enferma.
Sin embargo, también es cierto que hay grupos con un mayor porcentaje de afectados de soledad. Por ejemplo, las personas desempleadas presentan una tasa de soledad más del doble que las personas ocupadas.
Las personas mayores suelen verse especialmente afectadas, al enfrentarse a cambios y dificultades como la jubilación, la pérdida de amigos y familiares, la disminución de la actividad física y los problemas de salud (audición, discapacidades, etc.). Además, existen otros factores que pueden repercutir en ellas, como su lugar de residencia. En las ciudades, las personas mayores suelen sentirse más solas que en los pueblos.
Acudir a tu centro de salud más cercano y consultar la situación con tu médico o psicólogo puede ser un primer paso. Un profesional puede guiarte en el proceso, ofrecerte pautas y ayudarte a afrontar la soledad.
Asimismo, existen otras acciones que puedes llevar a cabo por ti mismo y que pueden ayudarte a sentirte mejor:
La gravedad de esta situación ha llevado a instituciones públicas (nacionales, autonómicas y municipales), ONG y fundaciones, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), a desarrollar iniciativas destinadas a prevenir el aislamiento y promover la participación de las personas mayores en la sociedad.
Su alcance es tal que el 16 de diciembre se ha establecido como el Día Internacional contra la Soledad No Deseada. Esta jornada busca concienciar sobre este grave problema y promover la búsqueda e implantación de estrategias para combatirlo. En la Fundación DomusVi promovemos una sociedad solidaria y comprometida con el bienestar de las personas mayores y, por ello, queremos garantizar que ninguna de ellas tenga que afrontar la vejez en soledad.